The Carters – ‘Everything is Love’

En los últimos dos años, tanto Lemonade de Beyoncé como 4:44 de Jay-Z lidiaban con las responsabilidades que la pareja tiene hacia el otro, pero también hacia la sociedad por su condición de multimillonarios negros. En ese sentido, Everything is Love es terapia de pareja como exhibición de arte, y una retrospectiva espléndida de su relación, vista como la celebración por haber creado una dinastía negra. Cuando Beyoncé rapea: "Mis tatara-tataranietos ya son ricos/Ahí tenés un montón de chicos negros para la lista de Forbes", está uniendo los puntos entre su amor y su legado.

Beyoncé y Jay coprodujeron todas las canciones, pero Cool & Dre, Pharrell Williams y Boi-1da definen el sonido de este disco por momentos clasicista y muchas veces a la moda, pero en general maravilloso. "Apeshit" convierte un demo de Migos en un éxito de trap ultraostentoso. "Nice", producida por Pharrell, despoja a "Neon Guts" (de Lil Uzi Vert) de su brillo fluorescente y logra algo menos animado, pero no menos satisfactorio. Con tintineos de piano y bajos de 808, "713" lleva el amor de la pareja a las calles.

Al celebrar su reconciliación, los Carter dan una vuelta olímpica de la mano, y tienen más herramientas que la mayoría, ofreciendo enormes alardes de rap que muy pocos podrían igualar: le dicen que no al Super Bowl ("Ustedes me necesitan, yo no los necesito"), van a la guerra contra los Grammy, ignoran a Spotify ("Porque mi éxito no puede ser cuantificado") y desestiman los ataques de Trump. También dejan que una improvisación de Quavo retumbe por el Louvre mientras posan frente a la Mona Lisa en el video de "Apeshit", una metáfora apropiada para la infiltración del rap en espacios predominantemente blancos.

Aunque todo lo que haga Beyoncé siempre tendrá un tono pop, Everything Is Love es en gran medida un disco de rap. En las estrofas, uno de los mejores raperos de su generación encuentra a una compañera arengadora. Mientras los raps de Jay en 4:44 eran confesionales, acá, rapea en conversación con Beyoncé, hablándole directamente a ella y dándole la oportunidad de interrumpirlo. Bey, una rapera excepcional (si bien selectiva), sobreactúa tan vorazmente como los raperos más arrogantes. Hay un par de momentos de equilibrio perfecto en "Boss", la interacción de "LoveHappy" y el tambaleo de rap cantado de "Friends", tres logros supremos de pop-rap.

A tono con el tema del amor duradero como cura para los dolores, el disco suena como si hubiera sido muy divertido de hacer, y quizás esa sea su cualidad más importante, porque también es muy divertido de escuchar. "Esta playa no siempre fue un paraíso/Pero las pesadillas solo duran una noche", propone Bey en "LoveHappy". Si bien el álbum no está a la altura de la ambición de sus predecesores, es uno de los acontecimientos más satisfactorios en mucho tiempo, y se siente como una obra de amor.

Por Sheldon Pearce

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